Amor de la vida
¿Quién es el amor de tu vida? ¿Se
lo han preguntado alguna vez? ¿Han considerado alguna respuesta? Podríamos
perdernos en definiciones del amor, de la vida, de lo que significa al
mezclarlas, pero la intención es tratar de exponer lo que considero como “amor
de la vida”.
Partiré del hecho de que el amor
de la vida aparece solamente una vez, sin que esto signifique que permanecerá
con nosotros toda la vida. De hecho tengo la teoría que el amor de la vida
llega, te cambia y se tiene que ir, de lo contrario no hay contraste y posible
se vuelva tóxico, enmarañándose en un romance cotidiano, costumbrista, de
secundaria, obsesivo o de ya ni modo.
Entonces creo que el amor de la
vida llega, se involucra contigo y tu historia, te enseña que el amor vale la
pena con todos sus reflectores y zonas oscuras, te arrincona a besos
inesperados y crea momentos que nadie te hubiera podido contar. Se mete en tu
ser, penetra hasta el tuétano y se involucra con tu entorno, dejando una
fragancia que difícilmente se dispersa. Crea vínculos fuertes contigo, enlaces
sanos obviamente… te hace vibrar a diario y provoca en ti un cambio que te
llena de luz y te permite tomar decisiones que te transforman.
Después algo pasa, la vida pasa,
hay ruido en medio, silencios a los costados, secretos acumulados, desacuerdos
entre dos personas que de pronto y después de tanto amor, tienen que separarse
para existir siendo en solitario. No es misterio, que al estar con alguien, lo
individual se pierde y siempre hay un punto en donde el espíritu personal
despierta y quiere expresarse. Cuando el amor de tu vida lo entiende, sabrá que
ha llegado el momento de partir y seguramente lo hará silenciosamente, casi
imperceptible para los ojos ajenos y los sentimientos mutuos que se guardan, al
fin de cuentas, el efecto esta hecho en ambos lados de la luna, las cicatrices
serán lamidas, resanadas, restauradas, admiradas como insignias de una bella
batalla que se ha perdido… comenzando la retirada, marcha rítmica enmudecida,
hojas blancas sin tinta sin otra coma o puntos suspendidos para continuar.
La soledad tras el amor de la
vida, es uno de los momentos más críticos que tienen que vivirse, esa oscuridad
es solamente la sombra de la certeza de una decisión tomada y aceptada. Duele,
lastima, cansa el silencio que deja el otro, tal vez aparece algún vicio con
olor diferente, con sabor a saliva momentánea, con tacto que inquieta a otros
sentidos. Para luego dar pie a otro momento… uno que te hace volver al juego de
parejas y mover una ficha con la seguridad de jaque mate.
Apareces de nuevo en fotos con
alguien más, con otro ser que te entiende y que tal vez sabe que tuviste amor
(como seguramente él lo tuvo también) que te recuperaste y decidiste darte una
oportunidad y por eso se toman la mano y caminan con mayor calma o con ansias
locas de devorarse a cada instante que el día lo permite. Tal vez ahí te
descubres nuevamente enamorado, pero comparas y tratas de alejarte del molde
original, de la figura creada y aprendes a disfrutar lejos de ese amor de vida…
comienzas a compartirte con mayor entendimiento del otro y sobre todo con mayor
consciencia de quién eres tú.
Ya no esperas, ahora haces y
decides. Ya no pides, ahora creas y brindas. Ya no sueñas, ahora lo llevas a
cabo y aterrizas. Besas con mayor sinceridad y sin temor a malas
interpretaciones, descubres que tienes un amigo y no solo el amor que todos
aplaudían. En este nuevo momento descubres la complicidad que faltaba, la
sinceridad que relaja y los enojos que perdonas o entiendes… entiendes que no
conviene suponer e interpretar, ahora escuchas y a esta historia la reconoces
como el amor de tu momento, de esta vida que aprendes a vivir justo aquí y
ahora.
El amor de la vida, es solo una
vez y tienes que agradecer el aprendizaje y todo el afecto vertido en ti,
sabiendo con tranquilidad que el otro lo vivió de igual manera y que tal vez se
encuentren en el futuro y podrán sonreír por los buenos momentos, y tal vez en
ese encuentro concluyes la comparación
entre romances, liberando el latido, que hoy vives con ambos pies en la tierra,
ambas manos en el otro, la mirada mutua sonriente y la mente en que ahora estas
mejor contigo y compartiéndote con otro. Te quitas el sombrero en honor al amor
de tu vida, te despides de esa vida y te concentras en lo que sientes hoy.
*Nota, el amor de la vida
necesariamente debe aparecer antes de haber alcanzado la madurez y posterior a
las obsesiones adolescentes y necesariamente debe al menos tener un par de años
para surtir efecto.
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